Organizarte con niños o «Señor del caos, ven a mí»

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Organizarte con niños o «Señor del caos, ven a mí»

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Hace poco mi pequeño ha cumplido 3 años. Desde hace ya más de uno trabajo como autónoma en lo que más me apasiona: la educación, la crianza y la familia. Esto ha permitido que pueda pasar más tiempo con él, pero también significa que paso mucho tiempo sola cuidándole y también mucho tiempo sola trabajando sin compañeros.

Y la eterna pregunta ¿cómo consigues organizarte trabajando en casa? No os voy a mentir: no siempre es fácil, pero ha sido mi manera de encontrar algo así como un equilibrio. Por un lado, me siento tremendamente agradecida por poder pasar parte de la mañana y toda la tarde con él. Pero, por otra, muchas veces siento dudas y me dan ganas de irme a escalar el Kilimanjaro (¿nunca os he contado que hace unos años era mi sueño?). Esto no es LA guía de cómo organizarte con niños. Son algunos consejos después de muchos prueba/error porque todos hemos estado ahí.

En los acompañamientos familiares que hago con padres y madres surge muchas veces el tema de la organización. Y me doy cuenta de que el hecho de poder vivir de una forma más pausada también me hace ser más consciente de todo lo que hago (bien o mal). Por eso, he hecho este pequeño balance de cómo me he organizado estos 3 años con un compañero de vida (aka marido) que trabaja 50 horas a la semana y un bebé. Porque ha habido meses oscuros, os lo aseguro. 

  • Pido ayuda. Es de lo que más me ha costado hacer. En los primeros meses no me sentía con ganas de dejar al niño con nadie. Yo quería estar todo el tiempo con él. Lo que necesitaba es que alguien me hiciera la compra y limpiara y me diera abrazos. Pues bien, después de un tiempo y muchos “te cuido al niño cuando quieras” empecé a aceptar ofertas de ayuda, pero no para cuidar al niño, sino para pequeños favores: acompañarme a la compra, acompañarme mientras hacía tareas de la casa (y, mira, ya que estás, limpia un poquito aquí). Esto puede sonar a morro total, pero ayuda es ayuda. Y cuando estuve preparada, dejé al niño con abuelos, amigos e, incluso, pagué por niñera de plena confianza. Como digo siempre que hablo de autonomía en la infancia: ser responsable también es saber pedir ayuda.
  • Delego en otros y me relajo (más o menos). Sé que otros no lo harán como yo. Sé que los abuelos le van a dar comida que yo preferiría que no comiera. Pero tengo que desconectar esa parte del cerebro si quiero recibir la ayuda que me brindan.
  • No intento controlarlo todo. A veces queremos estar involucrados en cada aspecto de la vida de nuestros hijos. y eso supone un gran desgaste. Esto lo descubrí hacia el año y medio, cuando empezaron las rabietas. Yo puedo acompañar su rabieta, pero, como proceso normal que es, no puedo eliminarlo. Lo acepto, respiro, lo dejo ser. Igual ocurre con los juegos. No puedo estar todo el tiempo jugando con mi hijo. Le dejo que se invente él las cosas, eso mejora su autonomía y me enseña a relajarme.
  • Elijo las batallas. El despertar, el vestirse, el desayuno, la ducha, la hora de dormir, la merienda, los juguetes rotos… Son muchas cosas al cabo del día. No puedo discutirlas todas. Así que elijo y me pongo un límite. Hoy cena lo que quieras, pelearé la hora de dormir. 
  • Acepto los cambios constantes. Los niños cambian por días, por minutos. Intento recordarlo y estar preparada: lo que vale hoy, mañana es una incógnita si servirá. ¿Adivináis por qué mi proyecto se llama Balanceo? Porque la estabilidad es una utopía basada en la necesidad de controlar las cosas. La dejé atrás hace tiempo y soy más feliz.
  • Soy crítica conmigo, pero sin hundirme. Hago mil cosas mal: grito, me enfado, no atiendo las demandas de mi hijo… Intento aprender de ello, ¿cómo? Analizando por qué he hecho eso que no me gusta, cómo estoy, qué está pasando en mi vida. quizá es una sobrecarga de estrés, un cambio hormonal… Y ¿adivinas? ¡Pido ayuda!
  • Pacto. A veces creo que la ONU debería contratarme para poner paz en todos los conflictos armados. Me paso la vida negociando. “Podemos ver la tele, pero solo un capítulo.” “Podemos salir a la calle, pero antes tenemos que recoger los juguetes”. Intento que las negociaciones sean claras y sin flecos sueltos: qué quiero, cuándo loorganizarte con niños, organización, familia, acompañamiento familiar, asesoría familiar, educación, maternidad, paternidad, crianza quiero, cómo lo quiero. Si no le explico todo esto, él no podrá saber cómo debe actuar.
  • Adapto espacios y horarios. Cuanto más adaptada esté la vida a la vida del niño, más fácil nos resultará vivir. Todo fluirá mejor. Esto no significa que mi vida sea paralela a la de mi hijo, pero si sé que le gusta jugar con un muñeco antes de ir al colegio, le despierto 5 minutos antes. Y si soy consciente de que le cuesta vestirse, pongo todo a su altura para que le sea más fácil. Quizá te interese este artículo que escribí sobre la adaptación del espacio.
  • Poner límites al trabajo. En un país con tantos millones de parados, enfrentarse a un jefe es ciencia ficción. Pero a veces no tomamos nuestros derechos por puro miedo y si lo hiciéramos puede que no pasara nada y más personas se atrevieran. Mi hombre-esposo ha empezado a cogerse una tarde libre a la semana (bueno, sale un par de horas antes, que ya es mucho). Y hemos notado la diferencia. Podéis pedir una adaptación en el horario o, incluso, si podéis permitíroslo, reducción de jornada. Tanto el padre como la madre pueden solicitarla. Es cierto que el sueldo se ve reducido y no siempre es posible, pero os invito a que reflexionéis y calculéis la posibilidad de hacerlo. A veces pagaríamos por ese tiempo, ¿verdad?
  • Soy sincera conmigo y con mi hijo. Y por eso intento dedicarme aunque sean 15 minutos al día solo para mí. Porque no, no me apetece estar 24 horas con él. Sí, he cambiado mi forma de vivir y trabajar por él y lo haría mil veces, pero no, no quiero renunciar a mis 15 minutos de ejercicio diario. Yo soy una loca del fitness y NECESITO hacer algo con mi cuerpo. Cuando mi hijo era muy pequeño, lo dejaba en la cama mientras yo hacía hipopresivos postparto. Después, salía con el fular de porteo a caminar a buen ritmo. Ahora, entreno en casa cuando él está en el colegio y, a veces, voy a nadar o al gimnasio (cuando necesito ayuda con mis entrenamientos). Encontrar 15 minutos puede ser misión imposible. Yo intenté visualizar todo mí día apuntando todas mis tareas, reorganicé algunas y, ahí estaban entre el desayuno y el levantar al niño, 15 MARAVILLOSOS MINUTOS SOLO PARA MÍ.

Y recuerda, esta no es la manera correcta de hacer las cosas. Esta es la manera que yo he encontrado y que espero te sea de ayuda. Porque lo mejor que podemos hacer por nuestros hijos es asumir nuestra imperfección y no cargarles con ella.




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