La culpa en la maternidad

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La culpa en la maternidad

La culpa en la maternidad

Como ya sabéis, estoy hablando mucho últimamente en mis redes sociales sobre la culpa y, más concretamente, la culpa en la maternidad. 

Es un tema muy, muy amplio que no pretendo agotar en un solo post (espero hacer más), pero me gustaría que este fuera algo así como la introducción y el que sentara la base sobre algo que vengo diciendo estos días en Instagram, sobre todo, que es la red en la que más me muevo porque me parece las más directa y con la que más os hago llegar mis ideas, pensamiento y, ojalá, ayuda.

La culpa y la maternidad van íntimamente ligadas. Creo que no hay ninguna madre que no se haya sentido culpable alguna vez (hasta nos sentimos culpables de sentirnos culpables). ¿Cómo funciona la culpa? La culpa es, en realidad, un traje que nos ponemos para sentirnos mejor. ¿No te lo crees? Escucha…

La culpa en la maternidad funciona como un bálsamo.

La culpa, creo que todos lo tenemos claro, nos hace sentir mal. De hecho, el sentimiento de culpa está totalmente relacionado con una autoestima baja. El diálogo interno de la culpa machaca y destruye nuestras posibilidades de reparar el daño hecho. Y aquí es donde empieza lo interesante: la culpa inmoviliza.

En este sentido, ¿por qué digo que la culpa es un bálsamo? ¿Por qué resulta curativa la culpa? Pues porque aplicarnos un baño de culpa por todo el cuerpo nos hace sentir menos mal, especialmente, frente al mundo. Y no tenemos que hacer nada más. Ahí nos quedamos con nuestra culpa, seguros en ella.

Además, antes de que nadie te diga lo mala madre que eres, ya te lo has dicho tú. Porque tu hijo tiene bajo peso, porque duerme contigo y eso le afectará en un futuro (según dicen algunos “expertillos”), por no darle la mejor comida, por no pasar el tiempo necesario con él… Por cualquier cosa. Alguien señala tus supuestos defectos como madre

Qué mala soy, qué malísima madre... Y a pesar de que ese sentimiento de culpa es doloroso, siempre es mejor que la acusación externa.

Es una manera de adaptarnos y defendernos. Pero no todas las adaptaciones son beneficiosas.

Por otro lado, ¿qué pasaría si no tuviéramos a nadie alrededor juzgando nuestros actos? (Independientemente de que ese juicio sea real o no, para una madre existe ese juicio) ¿Nos sentiríamos igual de culpables? ¿O sería otro tipo de culpa?

Frente a la culpa yo reivindico la responsabilidad. Sentirse responsable de algo es un poco diferente. La responsabilidad moviliza, lleva a actuar. Al no sentirnos heridos, no necesitamos refugio. Lo que necesitamos es reparar el mal que hicimos, si nos es posible.

La culpa es peligrosa, no solo para nuestra autoestima, también para los que nos rodean.

No podemos vivir eternamente con culpa. Hay quien sí, pero como necesitamos escapar de ese sentimiento doloroso, en muchas ocasiones justificamos. Es lo que se llama disonancia cognitiva (enlace). Como no estamos dispuestos o no podemos cambiar nuestra forma de actuar, cambiamos nuestra manera de pensar.

Pongamos un ejemplo: el médico te comenta que la alimentación de tu hijo no es del todo saludable. [Nota: es solo un ejemplo, no juzgo a nadie, por favor :)]. Te ha hecho sentir culpable, te ha herido. Para salir de ahí, te justificas. Es un movimiento de péndulo: “qué mala madre soy, debería darle algo más sano para desayunar, ya me lo dijo mi madre; bueno, pero no es para tanto, no pasa nada por que coma galletas todos los días, si no es tan mal”. Ante una amenaza (el comentario del médico), te refugias en la culpa (soy lo peor) y, finalmente, como no puedes vivir para siempre en la culpa, la eliminas diciendo que todo va bien sin hacer nada.

La responsabilidad es ponerse manos a la obra en un asunto. Siguiendo con el ejemplo: “ya… come mal… Pues es que no sé cómo podría comer mejor, ¿me das algunos consejos? Voy a mirar en Internet alguna idea de desayuno saludable”.

Puede ser que nuestro movimiento responsable sea justificar mis actos porque no los considero dañinos, pero entonces, no hay culpa de por medio. Después de un análisis, me empodero en mi decisión porque la considero correcta. La culpa no cabe.

Espero que este artículo te haya resonado. Para mí fue muy revelador darme cuenta de esto. de esta manera, dejé de volverme loca con la culpa (al menos tan a menudo) y empecé a tomar decisiones para cambiar (o no).

Seguiremos hablando de esto en otros post y espero poder ayudarte.

Si necesitas que te acompañe en tu camino por la maternidad, no dudes en ponerte en contacto conmigo.

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